Miami Open, un viaje de Delray Beach al estadio de los Dolphins

Cuando llega marzo el circuito de tenis se instala al sur de los Estados Unidos y vuela con sus raquetas y sus sueños a los denominados “Masters 1000 del Sol”, con dos certámenes que tienen mucho en común.

En el desierto californiano termina Indian Wells y le deja paso al Miami Open, el certamen más latinoamericano de todos los que se juegan fuera de la región. Este torneo, que fuera concebido para ser el más grande de todos, después de los cuatro de Grand Slam, fue un proyecto ambicioso nacido de la inquietud y la inspiración de un ex tenista: Buch Buchholz.

El Miami Open forma parte del selecto grupo de torneos Masters 1000 de ATP y WTA 1000 del circuito femenino y es una de las paradas más importantes del año. Durante décadas, el certamen del estado de las naranjas portó la etiqueta de “Quinto Grand Slam”, por su estructura, su duración de dos semanas, la calidad de sus participantes y el tamaño de sus cuadros, que lo colocaron apenas un escalón por debajo de los cuatro Majors del tenis mundial.

Sin embargo, la historia del Miami Open está lejos de ser lineal y estable. El torneo nació como un proyecto ambicioso en los años 80, pero pasó por varias sedes y, por cuestiones comerciales, cambió de nombre varias ocasiones. Atravesó momentos de crecimiento, crisis y una mudanza obligatoria que llevó a pensar en diferentes proyectos en los que, algunos, hasta plantearon en mudarlo de ciudad. Pero, finalmente, quedó

dentro de Miami, un camino que lo llevó desde Delray Beach hasta meterlo dentro del estadio del equipo de fútbol americano Miami Dolphins y a jugar en su playa de estacionamiento, para no poner en riesgo su continuidad.

El origen de una idea ambiciosa

La historia del torneo se remonta a principios de los años 80. El impulsor fue Butch Buchholz, quien tenía una idea clara: crear un torneo de tenis que reuniera a hombres y mujeres en un evento de gran escala, con cuadros amplios, premios importantes y una duración de dos semanas, tal cual lo hacían los torneos del Grand Slam, únicos en su tipo

La ambición era grande. Buchholz hablaba de crear lo que él llamaba el “Winter Wimbledon”, aunque sobre cemento. Se trataba de un gran campeonato que se disputara durante la primavera del hemisferio norte, en los Estados Unidos, proyecto que terminó concretándose en 1985, cuando se disputó la primera edición bajo el nombre de Lipton International Players Championships, cuya sede fue el Laver’s International Tennis Resort, ubicado en Delray Beach, en la península de La Florida.

Desde el comienzo el torneo mostró un formato revolucionario para la época, por fuera de los Slams, con cuadros masculinos y femeninos de 128 jugadores, cada uno, una duración de dos semanas y con un premio de 1,8 millones de dólares, que sólo era superado por Wimbledon y el US Open.

Los campeones de aquella primera edición fueron Tim Mayotte en el cuadro masculino y Martina Navratilova entre las mujeres.

El torneo fue un éxito, pero no tenía hogar. Se requería mayor infraestructura y mejores instalaciones para un torneo que aspiraba a convertirse en uno de los grandes torneos del calendario profesional. Por eso, en la siguiente temporada se mudó a Boca Raton, al Boca West Resort, también en el Estado de la naranja.

Sin embargo, la nueva locación no pudo sostener el crecimiento del torneo y la organización precisaba de una sede definitiva que pudiera acompañar las aspiraciones del certamen. Fue entonces que se decidió cerrar trato con la ciudad de Miami y llevar el torneo a una isla, sobre unos terrenos donados por la familia Matheson. Esta sería la tercera mudanza en dos años.

El desembarco en Key Biscayne

La solución pareció estar en ese 1987, cuando el torneo se trasladó al Crandon Park Tennis Center, ubicado en Key Biscayne, una isla frente a la ciudad de Miami, a la cual se accedía por el Rickenbacker Causeway, con vistas al océano y a la bahía de Biscayne, un cambio que transformó el torneo en una experiencia única para jugadores y fanáticos y, con el tiempo, un trastorno para los habitantes de la isla.

La visita al torneo de Miami era la de ingresar a un ambiente natural, rodeado de frondosa vegetación, aguas cristalinas, extensas y anchas playas y un paisaje que permitía a los deportistas salir a correr, jugar golf, andar sobre patines, nadar y hacer actividades de verano, estando aún en primavera.

Las mudanzas no interfirieron ni modificaron la superficie de la competencia, a diferencia de otros torneos. El Miami Open mantuvo siempre sus canchas duras (hard courts) construidas por la empresa Laykold.

Y allí fue en donde el “Quinto Grande” alcanzó su madurez y su prestigio internacional. El acuerdo con la ciudad de Miami establecía que, desde aquellas primeras tribunas tubulares, se les habilitaría en el complejo del Crandon Park lugar para ampliaciones y estacionamientos, mientras que la organización construiría un estadio principal con gran capacidad (15 mil personas) y múltiples canchas de competencia. Pero, este acuerdo contaba con ciertas limitaciones impuestas por la familia que había donado esas tierras y que tenían como intención la de preservar el ambiente.

Si las mudanzas parecían muchas, aún más resultarían los cambios de denominación, todos atados a los acuerdos comerciales con los patrocinadores de turno. Desde empresas de té a los nuevos aparatos celulares, de entidad bursátil a empresa de entretenimiento, hasta confirmarse como el torneo de la ciudad que habita y como todos lo conocen hoy: Miami Open, el Abierto de la ciudad de Miami.

La cronología fue la siguiente:

1985–1992: Lipton International Players Championships

1993–1999: Lipton Championships

2000–2001: Ericsson Open

2002–2006: NASDAQ-100 Open

2007–2012: Sony Ericsson Open

2013–2014: Sony Open Tennis

2015–presente: Miami Open presented by Itaú

Durante 31 años, desde 1987 y hasta 2018, el Miami Open se mantuvo en el Crandon Park, cuando ya debió mudarse. Cuestiones legales, el cansancio de los habitantes de la isla y de los tenistas, que debían soportar los continuos atascos provocados por el único acceso terrestre con el que contaban, llevaron a pensar en un nuevo desarrollo para el lugar.

A comienzos de la segunda década de este siglo, el complejo de Key Biscayne empezó a quedar desactualizado frente a otros torneos del circuito y recibía muchas críticas por parte de los tenistas. Se requerían más estadios, más grandes, nuevas vías de comunicación, ampliar el espacio para estacionar y darle mayor comodidad a los atletas. Además, la organización precisaba que ingresara más público, lo que requería una gran ampliación del espacio destinado al complejo existente, lo que no cayó muy bien en la histórica familia de La Florida.

Las tierras, que pertenecen al condado de Miami-Dade y que habían sido donadas por los Matheson, incluía restricciones sobre el uso del terreno, especialmente en relación con construcciones permanentes dentro del parque. Y las reformas chocaban con los impedimentos legales de la donación. La empresa IMG, que había comprado el certamen a Butch Buchholz, propuso una inversión de alrededor de 50 millones de dólares para esa remodelar el estadio principal, construir un segundo estadio fijo, modernizar las instalaciones y mejorar las áreas comerciales y de servicios, pero Bruce Matheson, heredero de la familia, presentó una demanda judicial para bloquear dicha ampliación, argumentaba que la donación original establecía que en el parque sólo podía existir un estadio principal y la justicia terminó dándole la razón.

Fue entonces cuando se pensó seriamente en una nueva mudanza. El cambio fue drástico, duro. El objetivo principal era mantener el torneo en el sur de La Florida, esquivaron el cambio de ciudad y llegaron a un acuerdo con el empresario Stephen Ross, dueño de los Miami Dolphins, un equipo de la NFL.

Más de un año llevó estrechar las manos de los actores principales y, en diciembre de 2017, el Miami Open dejó la naturaleza y las playas para cambiar por la fría estructura de una enorme construcción en Miami Gardens, el Hard Rock Stadium.

El proyecto incluía la construcción de un nuevo centro de tenis alrededor del estadio, en lo que, habitualmente era el enorme estacionamiento y que ahora también forma parte de la pista del Gran premio de F1.

Para 2019 estaba todo listo y se llevó a cabo la primera edición, lejos de todo, pero de enorme amplitud.

El cambio transformó completamente el formato del torneo. El Court Central se instaló en poco más de un cuarto del Estadio de fútbol americano, usando tribunas tubulares con capacidad para 14.000 espectadores y el resto quedó para el calentamiento previo y expansión de los jugadores.

El contrato, homologado por el condado de Miami, contempla que el Miami Open permanezca en el complejo hasta al menos el año 2040, dentro de un proyecto de “desarrollo deportivo y comercial que busca consolidar al torneo como uno de los grandes eventos del calendario internacional”. En ese desarrollo se incluyó la construcción de 29 canchas permanentes, 11 canchas de competencia y otras múltiples de entrenamiento, además de áreas comerciales, espacios gastronómicos, zonas VIP, facilidades de acceso y amplias zonas de estacionamiento.

Muchos lamentaron esta última mudanza, pero la evolución de los torneos y la modernización requerida obligó al torneo a buscar algo realista y funcional, acorde a las necesidades del circuito moderno, como las de esta edición 2026, la séptima después de su cuarta mudanza.

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