Mariano Navone y sus peripecias para llegar desde Ginebra y ganar su primer match en Roland Garros

Mariano Navone tuvo una semana estupenda en Ginebra y a punto de conquistar su segundo título profesional, cuando disputó la final de Ginebra, en Suiza, un partido que duró dos horas y media y que terminó ganando el estadounidense Learner Tien. Pero mucho no se podía disfrutar, al otro día comenzaba Roland Garros y la llave del cuadro en la que participa era la primera en arrancar.

La noche ya había caído sobre la ciudad helvética cuando ambos jugadores terminaron de cumplir con los compromisos de la entrega de premios y atención a la prensa y sponsors. Distante a unos 600 kilómetros de la ciudad de París y sin posibilidad de transporte que los dejara en la capital francesa, ya habían descartado regresar durante la madrugada en auto, hubo que tomar decisiones que pudieran colaborar, lo mejor posible, con la salud física y mental del jugador, y así relataba Mariano las peripecias para llegar con tiempo y de la mejor manera posible a debutar en Roland Garros: “Fue tremendo, porque el caso es que

nuestro partido terminó cerca de las 6 de la tarde y con todo lo que hubo que hacer después, no había nada para venirse esa misma noche de Ginebra hasta acá. Entonces, nos tuvimos que levantar temprano el domingo, pedimos un auto para que nos llevara a la estación, para salir en tren a París”.

Llegados a la terminal ferroviaria, lo hicieron con la confianza del funcionamiento y la puntualidad de la que se jactan los suizos… y así fue, el tren terminó saliendo puntual.“Tres horitas de tren tardamos para llegar a parís. Después, transporte pata llegar al hotel, dejar todo tirado, así, medio rápido y venir al torneo a comer algo. Después, y sin parar, entrenar y adaptarnos a una condición bastante diferente en poquito tiempo”, relataba el tenista de 9 de Julio casi con el mismo vértigo con el que lo había vivido.

Culminada la sesión de entrenamiento en cancha, hubo tiempo para el fitness y estiramientos. “Se hace lo que se puede, porque había que preparar la “Nave” (tal su apodo) para jugar, Uno llega como llega”, agrega Mariano.

De regreso al hotel, la idea del equipo era que Mariano pudiera descansar. “Nos encontramos con que el acondicionador de aire no funcionaba. No pudimos solucionarlo y tuvimos que mudarnos de habitación”, dice riéndose de la situación. Luego del cambio de dormitorios, el bonaerense comentó que logró dormir “un montón de horas, eso me hizo muy bien y me ayudó a que, hoy, la verdad, físicamente me sentí muy bien, aunque no me sentí increíble jugando tenis”.

Estos son los momentos en que los tenistas se replantean qué es lo mejor cuando arman su calendario de torneos, corriendo ciertos riesgos en los torneos grandes.“El problema de esos certámenes, que por ahí está mal, es que terminan los sábados y las finales se juegan muy tarde, estando pegados a un torneo de Grand Slam que comienza al otro día”, comentaba Mariano Navone, quien agregaba que, tal vez, no era la mejor adaptación para un Gran Slam, pero que estaba justificada: “vengo de disputar una final y jugar muy bien, entonces, lo que no te salga por un lado, te lo va a poner a otro. Fue desgastante, llegué cansado, pero acá estamos”.

Roland Garros no espera, tiene que comenzar y la llave del torneo en la que aparece el nombre de Navone es la que abre el certamen. “Lo que sucede es que en los torneos de Grand Slam vos no podés pedir qué día jugar o algún aplazo. Y una mitad juega el domingo y el lunes y la otra mitad lo hace el lunes y el martes. Y yo quedé en la mitad que jugaba domingo y lunes”, explicaba acerca de la razón por la cual no le habían dado más tiempo como para adaptarse y descansar.

A pesar de las corridas y la preparación apresurada para asumir el primer compromiso ante el estadounidense Jenson Brooksby, Mariano se mostraba contento por la victoria y en tres sets corridos, de esta manera, se instaló por tercera vez consecutiva en la segunda ronda del Abierto francés.

“No fue un arranque del nivel que me hubiese gustado, pero venía de jugar hace dos días una final, una semana cargada de partidos y, aquí, lo importante es ganar y haber avanzado a la siguiente ronda”, cerraba Navone, luego de 30 horas que lo llevaron a vivir experiencias a máxima velocidad.

Su próximo rival será uno de los preclasificados, el checo Jakub Mensik, con quien nunca se ha cruzado ni en los entrenamientos, pero se da una idea de lo que puede suceder.

“Si bien no entrenamos nunca, lo conozco bastante, porque lo he visto en los Challengers y es un jugadorazo que estuvo muy cerca de ser Top 10, en algún momento. El año pasado ganó el Master 1000 de Miami, en dura, pero es muy bueno sobre polvo de ladrillo, como casi todos los checos. Va a haber que correr bastante”, termina diciendo con la acostumbrada sonrisa con que vive cada etapa de su carrera profesional.

Volverá a presentarse, recién, el miércoles, tiene dos días para recuperar, entrenar y, si le queda un espacio, intentar descansar unas horas más, en la calurosa París, que hierve bajo los 30 grados de un ardiente sol.

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