La tarde en que Del Potro ganó un partido y perdió el tenis. Crónica de 965 días de lucha, angustia y la desesperación de un adiós

La vincha apoyada sobre la red, los ojos enrojecidos y ese intento imposible por contener las lágrimas explicaban mucho más que cualquier conferencia de prensa. Aquella noche del 8 de febrero de 2022 era el final. Un final que había comenzado 965 días antes, sobre el césped del Queen’s Club, en Londres, hace exactamente 7 años.

Federico Delbonis lo estrechaba en un abrazo, acababa de vencerlo en lo que sería un adiós. El Buenos Aires Lawn Tennis Club se estremecía en aplausos y lo acompañaba en la profundidad de la emoción de esas lágrimas. La batalla de los mil

días había llegado a su fin, Del Potro reconocía a su vencedor. No era Federico, no, era esa lesión de rodilla que había transformado su vida casi como la de un caballero templario en la búsqueda del Santo Grial, en pos de encontrar una solución.

Aquel martes 18 de junio de 2019 la lluvia no permitió que se concretara la programación del torneo y Del Potro debió esperar un día más para iniciar su camino sobre el césped del Queen’s Club, uno de esos torneos que sirven de preparación para el gran acontecimiento: Wimbledon, y que forman parte de la rutina habitual en el calendario de los mejores jugadores del mundo.

Su rival, el canadiense Denis Shapovalov, debió soportar una andanada de 11 aces, para terminar cediendo ante el por entonces N° 12 del mundo y tercer preclasificado, por 7-5 y 6-4.

Sin embargo, en el medio del partido, una circunstancia a la que pocos le prestaron atención. Un resbalón, como tantos sobre la hierba, la rodilla derecha que se fuerza, toca el suelo, pero sigue. Nada que pareciera grave. Nada que justificara una alarma inmediata. Saludó a su rival, firmó algunas pelotas, cumplió con los compromisos habituales y abandonó el club como cualquier otro día.

Pero al llegar al vestuario, su calendario se vería drásticamente modificado o, mejor dicho, directamente, cancelado.

La inflamación apareció rápidamente. También el dolor. Los estudios confirmaron lo que nadie quería escuchar: la rótula derecha había vuelto a fracturarse. Era la misma rodilla que le venía provocando enormes dificultades desde octubre del año anterior, cuando se lesionara en Shanghai.

Se vio obligado a bajarse del torneo, a someterse a nuevos estudios y ese miércoles 19 de junio se transformó en el día 1 del camino que marcaría su despedida.

El tandilense venía intentando recuperar terreno. A los 30 años ya conocía demasiado bien ese camino, había atravesado los tiempos de las operaciones en sus muñecas, rehabilitaciones interminables y momentos en los que parecía que jamás podría volver a competir al máximo nivel.

Durante los meses posteriores, Juan Martín intentó aferrarse a ese bote salvavidas que en más de una ocasión lo ayudó a regresar de las aguas turbulentas de la incertidumbre. «No sé si el otro día jugué mi último partido de tenis o no», dejó escapar Del Potro y dio el primer paso en Barcelona, volvió a ingresar a un quirófano para una nueva intervención quirúrgica, bajo la supervisión del doctor Ángel Ruiz Cotorro, uno de los especialistas más reconocidos del tenis mundial. El mensaje fue optimista, había confianza y existía la sensación de que el proceso de recuperación sería largo, pero que, eventualmente, regresaría a competir.

Sin embargo, su cuerpo tenía otros planes. Los controles posteriores no mostraban la evolución esperada, el dolor persistía. La consolidación ósea avanzaba más lentamente de lo previsto y los entrenamientos se interrumpían una y otra vez. Cuando parecía acercarse una fecha tentativa para regresar al circuito, aparecía una nueva molestia que obligaba a comenzar nuevamente.

La pandemia llegó en 2020 y el mundo entero se detuvo. Para muchos deportistas significó una pausa obligada. Para Del Potro, en cambio, fue apenas un capítulo más dentro de una rehabilitación que seguía sin encontrar salida.

Volvió a pasar por el quirófano y las operaciones comenzaron a acumularse. Viajó a Suiza y el 26 de agosto, en Berna, fue operado por Roland Biedert, uno de los mayores especialistas en rodilla del mundo, que había atendido a Roger Federer.

La intervención buscaba ofrecer una solución definitiva, pero no lo fue, por eso, en enero de 2021 llegó una nueva intervención, bajo la supervisión de Biedert, a la que le sigue un quinto paso por el quirófano en marzo.

Hubo momentos en los que caminar resultaba difícil. Subir una escalera se transformaba en un desafío cotidiano, porque la rodilla condicionaba actividades simples, situaciones normales para cualquier persona. Y eso, para alguien que había construido toda su vida alrededor del deporte, resultaba especialmente cruel.

Buscó distintas alternativas médicas. Consultó especialistas en varios países, probó tratamientos innovadores, viajó a Estados Unidos y escuchó opiniones diferentes. Intentó encontrar respuestas allí donde todavía quedaba una pequeña posibilidad de recuperar una vida normal, pero nada funcionó. Con el paso del tiempo la discusión ya no giraba únicamente alrededor del tenis, el pensamiento empezó a impregnarse de una idea aterradora, cómo convivir cada día con el dolor.

Los meses se transformaron en años, las intervenciones quirúrgicas siguieron acumulándose y las rehabilitaciones ya no ofrecían garantías. Cada avance parecía desembocar en una nueva frustración, por eso, a fin de 2021 volvió a leer muy bien la jugada y comprendió cómo debería culminar el game.

En esos más de dos años y medio sin competir oficialmente se sometió a cinco cirugías en su rodilla derecha, realizó rehabilitaciones en Argentina, España, Suiza y Estados Unidos y le efectuaron múltiples infiltraciones y tratamientos regenerativos. La rodilla no respondía y su cuerpo le pedía descanso, pero en su cabeza rondaba la idea de una oportunidad más y que si había que jugar ese último game debía ser dentro de una cancha y no detrás de un escritorio. Y en su país, en un torneo oficial. Ahí apareció el Argentina Open en su radar y el 31 de enero de 2022, la organización anuncia el regreso de Juan Martín del Potro, no sólo al circuito, sino al torneo que le abrió las puertas del circuito superior con una invitación, en 2006.

Las semanas previas estuvieron cargadas de incertidumbre y él mismo reconocía que no sabía qué podía ocurrir, su situación era crítica. Había intentado convencer a su cuerpo de una chance más, pero entendía que aquella presentación también podía transformarse en una despedida.

El contador marcaba el día 965, un martes con el Buenos Aires poblado de gente que coreaba su nombre. Tambores que favorecían la comparsa y manos que se levantaban al cielo pidiendo un milagro.

El círculo se cerraba, el torneo de su país en el que había iniciado su camino en el circuito grande y lo recibía en el momento de su adiós. Las dos únicas veces en que Juan Martín disputó el torneo de su casa.

La noche se cerró en emociones, cada aplauso parecía tener un significado distinto, un hecho singular e irrepetible. Aquel 8 de febrero de 2022 marcó oficialmente el retiro de Juan Martín del Potro de la actividad profesional, pero no la de su búsqueda personal en favor de su salud.

El día 966 de aquel incidente en el Queen’s Club llegaría pendiente de nuevos tratamientos, de más consultas médicas y con alguna esperanza aislada, en su búsqueda por dejar de tener que convivir con el dolor.

Las fechas clave de la crónica un adiós forzado

19 junio 2019: caída durante el match con Shapovalov en Queen’s

20 junio 2019: confirmación de nueva fractura de rótula

22 junio 2019: operación en Barcelona

26 agosto 2020: tercera cirugía en Berna

enero-marzo 2021: cuarta y quinta cirugía

31 enero 2022: anuncio del regreso en el Argentina Open

5 febrero 2022: conferencia donde admite que puede ser el final

8 febrero 2022: despedida en Buenos Aires, ante Delbonis

15 febrero 2022: último partido ATP oficial en Río de Janeiro, ante Delbonis

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