Somos, que no es poco

La pregunta que muchos se hacen, o me hacen, es cómo está el tenis argentino hoy o porqué no se gana como antes. Y suelo devolver con otra pregunta: ¿a cuál “antes” se refieren?

Porque existe un antes cercano que no es el histórico del tenis argentino, un antes contemporáneo para aquellos que se volcaron al tenis a mediados de los ’90 o los menores de 30, que se criaron con la Legión, que saben sólo de éxitos (y desengaños en la Davis). Pero la historia del tenis argentino no es tan así… hasta podría sacar el “tan”.

Pero no me voy a referir a eso, la Historia del Tenis ya fue escrita por Eduardo Puppo y los desengaños “Davísticos” por Danny Miche. Yo, ya me cansé de contarlos en radio y TV.

El desafío de hoy es ubicar la actualidad del tenis argentino en el circuito ATP (lamentablemente, en WTA no existimos y nada se sabe hacer para proyectar algo allí, al menos por ahora).

Este fin de semana pasado (3 y 4 de octubre), creo que nos puede ayudar a situarnos e imaginar una proyección. A modo de ensayo, les propongo mirar el panorama global y trazar una línea en el tiempo.

La segunda semana de la gira asiática de torneos ATP volvió a pasar ignorada por los argentinos. Claro, el cuadro le posibilitaba sólo a Mayer (descanso y entrenamiento) ingresar de manera directa la mayoría de esos torneos, el resto debía esperar o jugar la Qualy en superficies que no les resulta demasiado favorable. Por eso, de manera masiva, se lanzan a los challengers en polvo de ladrillo, especialmente a la gira sudamericana, aunque Delbonis apareció por Europa.

Con sólo 2 Top Ten en los cuadros, las finales de Kuala Lumpur y de Shenzhen mostraron a 3 españoles en cancha y a un checo (Berdych, ¿a qué otro esperaban?). La lógica marcó que los Top Ten se llevaran el título, pero más allá de eso, la presencia de Ferrer (33 años), Feliciano López (34) y Guillermo García López (32) peleando por sendos títulos indica lo que ya sabemos, la vigencia del tenis español, pero basado en estos mismos jugadores, los de casi siempre. Y qué bueno que aún estén ahí, pero aquí aparece nuestra pregunta del lado español: ¿hasta cuándo?

El actual dominio del circuito por jugadores golpeando la puerta de los 30 o superando esa cifra, permite proyectar la duración de la carrera de un jugador. Así como los españoles mantienen, según ellos, “por ahora”, peleando en las alturas, los nuestros dominan ampliamente el plano del tenis profesional un par de escalones más abajo.

Del polvo venimos y al polvo vamos

En las últimas dos semanas, los challengers han visto a Delbonis (24), Pella (25), Schwartzman (23), Argüello (23) y Zeballos (30) levantando trofeos en las finales y a otros tantos jugadores argentinos arribando a los cuartos o semis. Resultados para nada despreciables, tal vez, uno podría esperar mayor regularidad en alguno de ellos para que puedan superar la barrera de los 100 y tener posibilidades mucho más arriba. La pregunta es si se atreven.

Esto podría ponerse en contraposición con los españoles y que nos sirvan de parámetro. Aquí es donde estamos, en el dominio de un espacio del circuito con un grupo de jugadores varios años menores y con proyección de poder dar algún salto de calidad, como Mayer, a los 27. A modo de aliento, les quedan varios años de carrera, y de lucha. ¿Por qué no verlos ahora a través del prisma de su propio esfuerzo y valorar lo que hacen? Se paran en pie de igualdad ante quienes también se saben en desventaja, no tanto como Islas Feroe ante España, pero bien vale un ejemplo similar.

El regreso de Del Potro (27) es una ilusión que elevaría más los estándares del tenis argentino, porque junto a Leo Mayer (28) se podría conseguir situarse un par de escalones más arriba. Y otro que podría aportar es Pico Mónaco (31).

Nunca es triste la verdad…

Sin embargo, la realidad nos marca que la actualidad del tenis argentino no avisora grandes títulos sin ellos, no se puede pensar en un Grand Slam o un Masters 1000, pero sí en el dominio de un espectro del circuito y batallar por mantener el Grupo Mundial en Copa Davis, conquistar algún ATP o alcanzar sus finales en situación desigual, algo parecido a lo que sucedía en los ‘90.

No es una situación de catástrofe ni para lamentarse. Como dijera el filósofo contemporáneo Gastón Gaudio, “es lo que hay”, y yo agregaría, que no es poco.

El tenis argentino vuelve a hacer pie en el polvo de ladrillo y fija sus cimientos desde el circuito challenger, para desde allí fortalecerse y sostener una identidad que sustente la historia reciente.

Hay para casi una década más con estos jugadores, y sobre ellos también se puede construir más futuro, pero hay que saber cómo y no dejar pasar oportunidades.

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